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Evangelizando Las Naciones Vino Nuevo

Cuando obedecemos manifestamos el amor de Dios para con nosotros.

Cuando obedecemos manifestamos el amor de Dios para con nosotros.

Texto Bíblico: Salmo 15:3

 

3 El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino.

 

Introducción:

 

            Ya hace un tiempo exactamente el año pasado, fui invitado a predicar en dos pequeña congregaciones del Norte de Anzoátegui en un mismo día, y preguntándole al Señor ¿Qué quieres que le lleve a tu pueblo hoy? Él hablo a mi corazón y me coloco el Salmo 15 completo, recuerdo que en conclusión se podía ver, que en estos cinco (05) versículos se podía conseguir los diez mandamientos completamente.

 

            Hoy nuevamente en medio de un proceso. Y hablándole al Señor en el lugar secreto el volvió a hablar a mi corazón y me digo: “Lee el Salmo de mi hijo David aquel que no hace mucho te di a leer y medita en el” abrir la Biblia y ahí estaba el Salmo 15 otra vez, pero esta vez luego de leer su cinco (05) versículos, salto sobre mí el versículo tres (03), el cual me dio un Rhema para mi vida y para mi corazón en ese momento.

 

            En ese momento Dios me recordó que nos ha llamado a ser moralmente recto. En este salmo, como dije anteriormente, el Señor nos da diez normas para ayudarnos a determinar cómo vamos. Debemos recordar que vivimos en medio de gente malvada cuyas normas y moral se están desgastando cada día.Y que nuestros estándares de vida no deberían provenir de la sociedad malvada en que vivimos, sino de Dios.

 

            Al buscar el Rhema de Dios por medio del versículo tres (03); pude discernir que las palabras son poderosas y la manera en que uno las usa reflejan nuestra relación con Dios. Quizá nada identifica tanto a los cristianos como su forma de medirse al hablar: hablan la verdad, no se burlan y guardan los votos (promesas). Debemos tener cuidado con lo que decimos.

 

            En ese momento vino a mi espíritu un pensamiento de El Amor del Padre por cada uno de sus hijos y le pregunte al Padre: ¿Quién puede estar en tu presencia, si no muestra amor a tu prójimo Padre?


Desarrollo:

 

            Hoy el Señor nos quiere enseñar por medio de esta nota diez (10) principios de Amor Fraternal de Él para nosotros y de nosotros para nuestros prójimos.

 

En el Salmo 15 en el versículo tres (03) podemos leer el primer principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino.


Para acercarte a Dios, ama a los demás. En el Salmo 15 el rey David le pregunta a Dios sobre las cualidades que se necesitan para morar en su tabernáculo (Salmo 15:1). La respuesta divina revela que el «morar» en la presencia y los propósitos divinos requiere la voluntad de mostrar una estrecha relación con los demás. ¡Para tener una estrecha relación con Dios debemos decidirnos a conducir nuestra vida manteniendo relaciones correctas con los demás! Dios le dice al rey David:

 

1)   Que hablemos misericordiosamente de nuestro prójimo;

2)   Que nunca murmuremos o digamos algo que destruya la reputación ajena;

3)   Que nunca lastimemos a otra persona en manera alguna.

4)   Finalmente, Dios le advierte al rey David que no «reprochemos» a nuestro prójimo.

 

«Reprochar» (del hebreo cherpah significa «echar la culpa, desacreditar, desgraciar o avergonzar». Si el Antiguo Testamento enseña que para satisfacer nuestro deseo de acercarnos a Dios debemos darle prioridad a nuestro amor por los demás, el mandamiento neotestamentario de «amar al prójimo como a nosotros mismos» (Romanos 13:9) es ciertamente vital para nuestra actual relación con el Padre celestial.

 

Cuando leemos en el capítulo 19, el versículo 34 del libro de Levítico, podemos ver nuestro segundo principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.” 

 

El abnegado amor fraternal hacia los extranjeros. En las eternas palabras de este Logo, la Escritura claramente establece una guía definitiva sobre cómo interactuar con los extranjeros. El espíritu de estas enseñanzas recorre toda la Biblia. Dios espera que nos relacionemos con los extranjeros en un espíritu desinteresado, profundo, servicial y lleno de amor fraternal. Recuerda a su pueblo que ellos, quienes una vez fueron extranjeros en Egipto, deberían, más que nadie, tener presente lo que se siente al ser tratados como extranjeros. La primera lección consiste en no olvidar cómo se siente el rechazo y nunca dar lugar a ello. Sus instrucciones sobre el tratamiento a extranjeros contradicen lo que normalmente sucede en el mundo. El Señor dice que cuando un extranjero llega a nuestro hogar debe ser recibido como uno «que ha nacido entre ustedes», es decir, ¡como parte de la familia! Teniendo en cuenta que los judíos le daban gran importancia al linaje familiar, estas enseñanzas divinas ejercían un gran impacto sobre ellos. Así se enfatizaba lo que representaba el ser extranjero a la vista de Dios. La segunda lección nos recuerda que toda la humanidad es una gran familia. Debemos de tratar a los demás de esta manera.

 

Cuando leemos en el capítulo 86, el versículo 5 del libro de los Salmos, podemos ver nuestro tercer principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan.


Generosamente perdonados, para perdonar con generosidad. Esta crucial sentencia está dirigida a cambiar la vida en ambos términos de la ecuación: 1) en nuestra recepción del amor divino y su misericordioso perdón y 2) en nuestro reciprocar el perdón tal y como lo recibimos. Las virtudes de la bondad y el perdón son atributo sengendrados por nuestro Padre celestial, y deben hallarse en nuestras vidas. Dios espera que seamos como Él, es decir, que estemos prestos a perdonar las transgresiones de nuestro prójimo con la abundante misericordia que nos ha mostrado. «Grande» viene del hebreo rab  que significa «abundantemente, con exceso». Dios no quiere que racionemos nuestra misericordia y nuestro perdón. Está buscando gente que reparta misericordia y perdón ilimitadamente.

 

Cuando leemos en el capítulo 45, el versículo 4 del libro de Génesis, podemos ver nuestro cuatro principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.


El amor acepta a los que nos han agraviado. La historia de José es un antiguo relato que ilustra la actitud misericordiosa que Dios espera asumamos en nuestro trato con aquellos que nos han agraviado. Se trata de un ejemplo del amor que mostró Cristo Jesús. Pese a que los hermanos de José le vendieron como esclavo y engañaron a su padre para que lo creyera muerto, cuando éste los confrontó durante su tiempo de necesidad, su amor y perdón se pusieron de manifiesto. Demostrando una extraordinaria fe en la poderosa providencia divina, José confiesa su creencia en que Dios usó la traición de sus hermanos como medio para liberar a su familia durante el tiempo de hambruna (Génesis 45:7).

 

Aun cuando los hermanos de José quisieron deshacerse de él, Dios se valió de aquel acto perverso para cumplir el propósito divino. Dios utilizaría a José para preservar la vida de la familia de Jacob, salvar a Egipto y preparar el camino para el inicio de la nación de Israel. Dios es soberano. Sus planes no cambian por lo que hagan los hombres. Cuando otros intenten hacerle mal, recuerde que son sólo herramientas de Dios. Eso fue lo que quiso decir José a sus hermanos:"Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo" (Génesis 50:20).

 

Cuando leemos en el capítulo 5, el versículo 44 del libro de Mateo, podemos ver nuestro quinto principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

 

El amor no es sólo una cuestión de sentimientos, sino de mostrar al Padre a través de nosotros, Bendecir en todo momento y clamar ó orar por él bienestar que se extienden por igual a amigos y enemigos.

 

Ama a aquellos que sienten animosidad hacia ti. El correcto significado de la palabra «enemigo» no se limita a cualquiera que no nos guste. El mandamiento a amar a nuestros enemigos significa mucho más que simplemente cambiar nuestros sentimientos acerca de la gente con la cual no nos llevamos bien o hemos tenido un impase. Más bien, «enemigo» (en griego echthros significa «adversario» y se refiere a aquellos cuyas acciones y palabras manifiestan odio hacia ti; el cuñado o la cuñada que no te quiere hablar, el hermano o hermana en la congregación que no te mira, ni te habla, o piensa que tu eres un enemigo eminente para su ministerio; esto me hace pensar en un joven que decía en sus pensamiento si el hermano me habla les voy a decir ni me mire ni me toques oel compañero de trabajo que quiere que te despidan. Se nos manda a amar a quienes nos tienen animosidad. Jesús no deja lugar para la especulación en este pasaje, sino que nos manda a amar a los que nos aborrecen, nos desprecian y nos persiguen. Semejante amor es posible únicamente a través del poder de Jesucristo, quien amó de esa manera, y quien busca ahora vías a través de las cuales demostrar su amor a quienes le odian a sediando a discípulos como tú.

 

Cuando leemos en el capítulo 6, los versículos 31 al 35 del libro de Lucas, podemos ve nuestro sexto principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. 32 Por que si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. 33Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. 35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.


En su amor Dios ama al antipático. Amar lo no amable es renunciar al amor egoísta del mundo; es hablar del amor de Cristo con gente que aparentemente no tiene posibilidades de ofrecer recompensa alguna. Jesús nos pide que amemos tal como él amó a aquellos que son los últimos en llegar, a los que son feos, a los pobres o a los que no tienen medio alguno para ayudarnos. Ello es posible únicamente mediante una transformación sobrenatural que engendre en nosotros un orden diferente de respuesta del que la sociedad humana acostumbra. Exactamente igual a como la mente humana distingue a las personas de los animales, así el amor cristiano deberá ser dramáticamente diferente, de modo que distinga al creyente del mundo que le rodea. Es despojarnos de las reacciones animales que nos hacen refunfuñar, atacar o tomar venganza. Debe trascender las respuestas humanas que esperan una recompensa terrenal por un servicio prestado o por un acto de bondad. Un amor así será como un rayo de luz que hará al mundo acercarse para preguntar qué nos hace irradiar amor en medio de gente antipática. Esteban (el primer mártir) ejemplifica este amor (Hechos 7:59-60),y Saulo (Pablo el apóstol de los gentiles) experimentó los efectos de un amor semejante (Hechos 9:5). Nótense «los aguijones» de culpabilidad que habían empezado a punzarle, sin lugar a dudas a través del amor de Esteban. La perfección del amor de Dios en nosotros puede ganarnos una audiencia curiosa y atenta.

 

Cuando leemos en el capítulo 12, el versículo 26 del libro de Juan, podemos ve nuestro séptimo principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.


El amor es servicial. El amor tiene espíritu de servicio. La mentalidad del mundo jamás entenderá o aceptará este llamado. Un siervo es el que acepta y reconoce que está subordinado a quienes sirve, uno que está dispuesto a renunciar al prestigio social de nuestra escala humana de valores. Pero Jesús dice que quienes aceptan servirle —o sea, servir al mundo en su nombre— serán honrados por el Padre celestial. ¡Cada verdadero servidor será, finalmente, honrado por aquél a quien sirve y a quien le ha prometido honra por ese servicio!

 

¡Si nosotros seguimos y servimos a nuestro Rey, en ese acto de servicio somos elevados a un lugar de honor!

 

Cuando leemos en el capítulo 15, los versículos 12 al 13 del libro de Juan, podemos ve nuestro octavo principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

 

La prioridad y trayectoria del amor fraternal. Aquí se compendian todos los deberes y lo que debe guiar la conducta de los discípulos de Jesús. De forma sencilla, esta declaración establece lo que debe ser prioritario para nosotros y la senda que hemos deseguir. 1) Nuestra prioridad es amarnos los unos a los otros. 2) Nuestra senda es amar como Cristo nos amó, «poniendo su vida». ¿Quién puede medir este amor? Cristo dejó el confort, el gozo y la adoración del cielo para llevar sobre sí los pecados de la humanidad. Soportó el dolor de los azotes, los clavos en sus manos, la lanza que hirió su costado, la corona de espinas sobre su cabeza, todo lo cual ejemplifica la medida de su amor. Descubrimos su amor, vemos su manera de amar y, al mismo tiempo, somos llamados a sobre llevar los pecados de otras personas, el dolor que se nos impone, los golpes que nos propinan, las crueldades y el trato impropio de que nos hacen objeto. ¿Imposible? Sí, para la naturaleza humana; pero como nuevos templos del Espíritu Santo, quien ha derramado el amor de Dios en nuestros corazones, podemos pedir y recibir la gracia y el poder de amar tal como Jesús amó.

 

Cuando leemos en el capítulo 1, los versículos 7 al 8 del libro de 2 de Pedro, podemos ve nuestro noveno principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

7a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.


El amor fraternal fluye de la naturaleza divina. En 2 Pedro 1:4, el apóstol describe las «preciosas y grandísimas promesas» que intentan capacitarnos para 1) ser «participantes» de su naturaleza divina, y 2) permitirnos huir de «la corrupción que hay en el mundo». Estas gracias son necesarias para llevarnos por encima de la decadencia de la naturaleza humana y hacia el «afecto fraternal» y el «amor» (2 Pedro 5:7). La bondad fraternal disuelve la contienda personal y las desatenciones de unos con otros. Nos permite preocuparnos otra vez de nuestro enemigo real: Satanás. Más todavía: Saber amar es saber recibir y generar el amor agape Ese que nos asemeja a Cristo, ese don providencial lleno de afecto, rebosante de benevolencia, que provee una fiesta de amor a todos los que ministramos en el nombre de Jesús. Este texto constituye una promesa para aquellos cuya consagración permite a estos dones fluir: Podemos realmente participar de la naturaleza divina, la cual se eleva muy por encima del espíritu corrupto y divisivo del mundo.

 

Cuando leemos en el capítulo 4, el versículo 9 del libro de Génesis, podemos ve nuestro décimo principio de amor fraternal de Dios con nosotros.

 

Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

 

Responsabilidad de los unos por los otros. El tema de la hermandad emerge temprano en la Escritura, y desde el principio está claro que Dios concede importancia a las relaciones fraternales. En este pasaje aparece por vez primera el asunto de la responsabilidad del uno para con el otro. Caín pregunta: «¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?» La palabra utilizada para «guarda» (del hebreo shamar significa «resguardar, proteger, atender oconsiderar». ¿Acaso somos responsables? «Ciertamente», es la respuesta de Dios. No sólo somos guarda de nuestros hermanos y hermanas, sino que se nos llamará a juicio por nuestro trato a nuestros hermanos y hermanas (físicos yespirituales).

 

Debido a los pecados de Caín contra su hermano, Dios lo maldice, le quita su habilidad para cultivar y lo sentencia a una vida de fugitivo y vagabundo (Génesis 4:12). Esto indica claramente que la desarmonía fraternal nos destina a la esterilidad y a la frustración en nuestros propósitos.


Conclusión:

 

            Hasta que las Buenas Nuevas de Jesucristo aparecieron en la escena humana, la palabra amor se entendió primordial mente en función de buscar ventajas para uno mismo. El amar lo que era imposible creer resultaba incompresible. Un Dios de amor que llamara al hombre pecador era un concepto imposible de entender.

 

            Los escritores del Nuevo Testamento tuvieron que acuñar una palabra nueva, ágape, para expresar lo que Dios quiso revelar de Sí mismo en Cristo y cómo deseaba que los cristianos se relacionaran los unos con los otros. “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16)

 

            Este nuevo lazo de amor se reveló en el Calvario. A partir de entonces, los redimidos se volverían hacia Dios y unos hacia los otros, en una dimensión nunca antes comprendida ni experimentada. Ágape sería ahora el “camino más excelente” (1 Corintios 12:31). Inmediatamente, eso se convirtió en una característica de identificación de la iglesia primitiva Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34) y “En esto conocerán  todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35)

 

            Sin embargo, conforme fueron transcurridos los años, gran parte de la verdadera fuerza de ágape se desvaneció. La iglesia viva de hoy se enfrenta a la necesidad de re descubrir su significado. Ágape no es un simple sentimiento; el amor adormecido carece de poder. Es dinámico sólo cuando ama activamente a Dios, tal y como Él nos amó a nosotros; solo cuando surge sin restricciones de ninguna clase – amor hacia los hermanos, las hermanas, los vecinos y el mundo por el que murió Cristo Jesús. (1 Juan 4:10-12 y 2 Corintios 5:14).

 

            Sólo entenderemos el amor de Dios al responder a él en Cristo Jesús. El momento más importante en la vida de cualquier individuo o persona es el de la decisión de aceptar ese amor no merecido ni ganado mediante el cual aprendemos a amar a Dios y a compartir ese amor con otros.

 

            Podemos decir que en el nivel humano, al igual que en el divino, el amor dice: “Te respecto, te quiero y soy responsable de ti

 

8……….. Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4b:8-10)

 

El fruto del Espíritu es amor. No puedo amar por mí mismo, ni tener gozo, paz,tolerancia, bondad, afabilidad, fe, mansedumbre y templanza por mis propios medios. No hay nadie que tenga capacidad para amar verdaderamente…hasta que acude realmente a Cristo. En tanto el Espíritu Santo no tiene control sobre nuestra vida, no tenemos poder para amar”                                       Billy Graham

 

Oración:

 

            Señor, lléname con tu amor ágape, que es incondicional, que arranca toda mentira, perversión y engaño del corazón humano, Jehová, llena mi corazón con tu amor, que es el único que echa fuera todo temor, hasta ser perfeccionados conforme a Ti.

 

            Señor, necesito tu presencia; sin tu amor ágape no soy nada. Ten misericordia de mis falla y crea en mí un corazón nuevo; no te alejes de mí; Señor; no apartes tu Espíritu Santo de mi vida. Amén.

 

Pastores Evangelistas Miguel y Carmen de Benitez

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