Alinee su corazón con el corazón de Dios. (El Buen Samaritano)
Base Bíblica: Lucas 10:25-37
Introducción: La Biblia contiene una historia que destaca las dificultades en las que nos podemos meter cuando abrimos una puerta y nos salimos de los límites de Dios. Cuando leemos la parábola sobre el buen samaritano, podemos repasar los peligros de quedar perturbado e ignorado.
Cuando abrimos la Biblia y leemos lo que primero nos viene a la mente es que es una historia muy verosímil. Los sacerdotes que vivíanen Jericó, pero que ministraban en Jerusalén, a menudo viajaban por el camino de Jericó a Jerusalén. Los levitas, que servían a los sacerdotes, también eran viajeros comunes por ese camino. Tal vez Jesús estaba relatando un incidente, pero de cualquier manera, mediante la historia estaba ilustrando una verdad y principios mayores.
Desarrollo: Ahora bien, detallemos cada una de la parte de la parábola, versículos por versículos para que esta verdad (Rhema) salte a nuestros ojos, mente y corazón y podamos sentir y percibir (logo) lo que nuestros Señor quiere que sintamos cuando debemos ayuda al prójimo en forma desinteresada en cada paso que damos en esta vida.
“30 Respondiendo Jesús,dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.”
Cierto hombre fue atacado, golpeado, robado y lo dejaron por muerto. ¿Quiénes fueron los ladrones? ¿Árabes salteadores de camino? No está claro si fueron árabes, saqueadores que vivían de los botines, algunos criminales de su propia nación o soldados romanos que, a pesar de la estricta disciplina de su ejército, causaron este daño, pero estaban pelados. Prácticamente siempre aquellos que golpean andan pelados. Muy a menudo, ellos mismos fueron primero víctimas de las adversidades de la vida. En la situación de hoy es muy probable que este delito hubiera estado vinculado a una pandilla. La indignación nos llena cuando escuchamos de tales delitos. El odio endurecido de gente así revuelve una ira justa en nosotros.
De cualquier manera,el hombre necesitaba ayuda. Es muy probable que fuera judío y le hubiera sido de mucha ayuda si alguien de su propia nación y religión pasara por allí.
“31 Aconteció quedescendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.”
Pasó un sacerdote. Lo vio y no pudo evitar percatarse de su imperiosa necesidad. Al ver su cuerpo ensangrentado y escuchar sus gemidos, el sacerdote se dio cuenta. Qué corazón tan perturbado tenía el sacerdote. Se suponía que fuera un hombre de carácter público y de prominencia religiosa, un hombre que profesara santidad, cuyo oficio le obligaba a mostrar ternura y compasión (Hebreos 5:1-2). Es muy probable que se tratara de alguien que enseñara a otros cómo reaccionar en situaciones como esta. Sin embargo, este hombre herido fue ignorado por el perturbado.
Que sensación de vacío y repulsión debe haber sentido si estaba consciente; un sacerdote le dio la espada. Estoy seguro de que mientras pasaba de largo, el sacerdote justificabasus acciones. Estaba cansado… iba de camino a casa… nadie lo estaba mirando… su reputación no estaba en juego. En realidad estaba perturbado en su relación con Dios, consigo mismo y con otros. Escuche existen algunos corazones perturbados en las vidas de la llamada gente restaurada.
“32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.”
Ahora llega el levita. Este no solo vio al hombre herido sino que lo miró. Él hizo una evaluación. Examinó el daño y quizá le miró a los ojos, pero rápidamente se alejó tanto como le fue posible, como si dijera: “Yo no vinada”. Tal vez era demasiado importante, era parte de la sociedad acicalada que sabía que no debía comportarse así, pero igual lo hacía. La compasión también era parte de su aprendizaje y enseñanza cotidiana. El golpeado por el pelado ahora era ignorado por el perturbado y el acicalado.
La Biblia dice que el hombre herido estaba medio muerto. Supongo que el sacerdote y el levita sedieron cuenta de que la situación implicaba más de lo que estaba dispuesto adar. Sería más que ayudarlo a ponerse de pie. Implicaba tiempo, esfuerzo y dinero. Resulta interesante que cada vez que a Jesús le hacían preguntas difíciles, él sencillamente dice: “Ámame y ama a tuprójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-40). La Palabra hace énfasis en que esto resume los mandamientos de Dios.
“33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.”
Entonces llega el buen samaritano. ¿Quién es el llamado buen samaritano? Puede que haya estado acicalado, pero no estaba pelado. En realidad un buen samaritano hubiera sido alguien que guardara la ley y obedeciera los mandamientos. El asunto aquí no es el hombre fuera samaritano, sino que obedeció a la ley de Dios y que su corazón estaba alineado con el corazón de Dios. Él no pudo evitar mostrar compasión. Dios es amor.
“35 Otro día al partir,sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo quegastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.”
Este hombre recogió al quebrantado. Amó al que no tenía nada de atractivo. Es obvio que este hombre ya tenía una relación con Dios. Él estaba restaurado. Una buena señal de un corazón restaurado es la compasión. El no interesarse es una señal obvia de un corazón perturbado. El samaritano no sólo recogió al hombre herido sino que renunció a su propia comodidad, puso al hombre sobre su propio animal. Renunció a su propio tiempo y dinero y pagó por los gastos médicos, la comida y el hospedaje del hombre herido.
“36 Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Vé, y haz tú lo mismo.”
A menudo parece que no damos la talla. Pero realmente Dios no nos pide mucho. Apenas nos pide que lo amemos con toda nuestra mente, nuestro corazón, nuestra alma y que amemos a otros como nos amamos a nosotros mismos. Cualquiera que ha sido limpiado por la sangre de Jesucristo puede dar el paso y ser obediente. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Esta es mi manera de preguntarle, ¿Cuál de las condiciones de esta nota corresponden mejor con usted y su vida hoy día?
Conclusión: En esta parábola podemos ver dos (02) características positiva de cuatro (04) características de las personas restauradas que deberíamos poner por obra en cada momento de nuestra vida cristiana.
Lo que primero debe ver en esta parábola es que el intérprete de la Ley le recita el resumen rabínico de la Ley del Antiguo Testamentoque podemos leer en Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18. Entendía muy bien que la Ley demandaba total devoción a Dios y amor al prójimo.
Otra de la cosa que podemos leer es que los expertos en la Ley trataron al herido como un tema de discusión; los ladrones,como un objeto de explotación; los sacerdotes, como un problema a evitar; y el levita como un objeto de curiosidad. Solo el samaritano lo trató como una persona a la que se debía amar. (vss. 27-37)
Lo que segundo vemos es que la pregunta del intérprete de la Ley (v. 29) sugiere que debía haber alguien a quien no se aplicara la encomienda de amar, buscando así los límites de este mandamiento.También destaca la dignidad de aquel a quien se ama, en lugar de la actitud de aquel quien ama.
Lo tercero es que mientras el intérprete de la Leybusca una definición, Jesucristo le recuerda que el amor no es un tema de discusión teórica, sino una cuestión práctica. Religiosos profesionales, representados por el sacerdote y el levita, pueden discutir el asunto con gran habilidad. Sin embargo, aunque despreciado como alguien perteneciente a un grupo mestizo y a una religión corrompida, se elogia al samaritano, porque actuó en lugar de teorizar.
Lo cuatro es que Jesúsle devuelve la pregunta al intérprete de la Ley, pero le cambia el énfasis. No se trata de: ¿Quién era el prójimo?, sino de: ¿Quién probó ser el prójimo? El amor no toma en cuenta el valor de su objeto; simplemente responde a la necesidad humana.
En conclusión podemos decir que nuestra ayuda viene muchas veces de una fuente despreciada. Había muy marcadas fricciones étnicas entre los judíos y los samaritanos (Juan 4:9); no interactuaban frecuentemente y, en algunos casos, existía hostilidad entre ellos. Pero Jesús, temprano en su ministerio, les enseñó la verdad de Dios. El Señor ministró a «la mujer de Samaria» y a la gente de Samaria (Juan 4:4-42). En esta parábola, la fuente deasistencia no fue un pariente o un conciudadano de Israel, sino un despreciado samaritano. Se nos recuerda que una de las grandes tragedias del prejuicio es que nos separa de quienes pueden eventualmente ofrecernos ayuda. La compasión del samaritano merece el mayor de los elogios, porque la persona a la que asistió, bajo circunstancias normales, probablemente ni siquiera le habría dirigido la palabra. Cristo ha venido a romper una separación semejante entre los seres humanos. (Santiago 2:1-9 y Mateo 27:32).
En la Biblia podemos leer que existía un odio profundo entre judíos y samaritanos. Los judíos se veían como descendientes puros de Abraham, mientras que los samaritanos eran una raza mezclada cuyo origen se debió al casamiento de judíos del norte con gente de otros pueblos después del exilio de Israel. Para este experto en leyes judías, la persona que parecía actuar como se debía era el samaritano. En realidad, no podía ni siquiera pronunciar la palabra samaritano cuando contestaba la pregunta de Jesús. Su actitud de experto traicionó su falta de amor, lo que antes manifestó que la Ley mandaba.
De la parábola aprendemos tres principios acercade lo que significa el amor al prójimo:
(1) La carencia de amor es a menudo fácil de justificar a pesar de que nunca es buena;
(2) Nuestro prójimo es cualquiera que esté en necesidad, sin importar raza, credo ni procedencia social; y
(3) Amor significa hacer algo para suplir la necesidad de alguien. No importa dónde viva, hay gente necesitada a su alrededor. No hay razón justificada para negarse a brindar ayuda.
Pastores Evangelistas Miguel y Carmen de Benitez
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